Variada, completa y saludable son las características de una alimentación con la capacidad de reducir las posibilidades de padecer enfermedades cardiovasculares. Una dieta con bajo contenido en grasas animales, sodio y azúcares permite la prevención del desarrollo de factores de riesgo como la hipertensión arterial, el aumento del colesterol en sangre, el sobrepeso y la diabetes.
- Consume una amplia variedad de alimentos. No te limites, especialmente con las verduras o frutas. Elige todas las variedades que la estación te ofrece. Por su contenido en antioxidantes, cuanto más frescas, mejor.
- Conserva un peso corporal adecuado y saludable.
- «Recorta» las grasas de tu selección de alimentos. Adquiere la versión descremada o desgrasada de tus alimentos favoritos (en especial de carnes, lácteos y derivados).
- Llénate con frutas, vegetales y fibras. Las vitaminas y minerales que aportan son imprescindibles para la salud del corazón. Además, consumir más fibra te ayudará a mantenerte saciado con menos calorías.
- Aprende a consumir lo que te gusta. Con moderación y en pequeñas cantidades, podrás seguir ingiriendo tus «favoritos».
- Controla las porciones que consumes. Incluso los alimentos reducidos en grasas y los «light» pueden hacerte subir de peso o impedir que lo pierdas cuando las porciones son superiores a las que necesitas.
- Lee la información nutricional de las etiquetas de cada producto y selecciona lo que realmente necesitas. Opta por los bajos en grasas saturadas y sin grasas trans.
- Controla el consumo de bebidas alcohólicas. Si bien el vino tinto es una fuente importante de antioxidantes beneficiosos para la salud cardiovascular, si nunca has tomado vino no es necesario que comiences a hacerlo. Puedes obtenerlos de otras fuentes libres de alcohol.
- Planea tus comidas y colaciones con anticipación. Decide de antemano qué vas a consumir en la comida o cena. Si decides en el momento, probablemente selecciones rápidamente y sin pensar, tratando de saciar tu apetito.
- Realiza no menos de 6 ingestas durante el día. Distribuye en desayuno, colación, comida, colación y cena. No te saltes ninguna de ellas. Si pasas muchas horas sin ingerir alimento, probablemente llegues «desesperado» al momento de comer y consumas más calorías de las necesarias (y seguramente tu elección no será la mejor).
- ¡No olvides el agua! Bebe no menos de 2 litros de agua natural en el transcurso del día, fuera de los horarios de las comidas. Un beneficio extra: beber agua produce saciedad (momentánea, ¡pero saciedad al fin!).
- Presta atención especial a los condimentos. Utiliza todo tipo de hierbas aromáticas, vinagre, jugo de limón, ajo y picante. Opta por aceites de buena calidad como el de olivo, maíz o girasol. Limita los condimentos grasos (crema, mayonesa).
- Di «NO» a los dulces y galletas para entretener al estómago.
Los azúcares simples y las grasas no son amigos ni del corazón ni del mantenimiento de un peso saludable.

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