«Toma un poco más», insiste tu suegra que te adora. «¿Qué? – dice una tía- ¿Ya no te gusta mi comida? Siempre te ha gustado, come un poquito más». «¿Quieres postre?», te dice tu amiga, «Es una ocasión especial, ¡no puedes decir que no!» Claro que puedes decir que no, pero a veces sólo bajo riesgo de herir los sentimientos de alguien. Sin embargo, no tienes que permitir que las insistencias bien intencionadas de los demás te hagan comer en exceso. Siempre puedes rehusarte. Y al ser diplomático no herirás ningún sentimiento. Ve cómo:
SÉ FRANCO. Menciónale formalmente a todos con anticipación que te estás cuidando y estás vigilando el tamaño de las porciones. Deja claro que no deseas ofender a nadie, pero que es muy importante para ti vigilar cuánto comes.
ELOGIA LA RECETA DESDE EL PRINCIPIO. Si halagas al cocinero después de dar el primer bocado, no parecerá que te disgustó el platillo cuando rechaces una segunda porción después.
SIGUE TU PROPIO RITMO. Si sabes que tu tía consentidora se ofenderá si no pruebas su pay, planea tu comida. Sírvete porciones más chicas del plato principal para que tengas espacio -y algunas calorías disponibles- para el postre.
DI QUE SÍ DE VEZ EN CUANDO. A veces es más difícil tomar una porción pequeña que rechazar todo y quedarte viendo un plato vacío mientras todos disfrutan del postre. Pero asegúrate que seas tú mismo quien controle el tamaño de la porción, no una tía.
USA TÁCTICAS DILATORIAS. Puedes evitar herir susceptibilidades si dices «Quizás más tarde» o «Estoy satisfecho ahora y no lo disfrutaría. Esperaré un poco». Una vez que se retiren los platos y el festejo pase a la siguiente etapa, nadie se acordará de que no comiste el postre.
LLÉVATELO A CASA. Cuando llegue el ofrecimiento para repetir, menciona lo delicioso que fue todo, y pregunta si puedes llevar algo a casa en lugar de tomar otra porción en ese momento. Y llevar algo a casa no quiere decir que tengas que comerlo. Se lo puedes regalar a algún amigo o vecino. Nadie se enterará.

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