- Frota la parte inferior del marisco. Si ésta se desprende con facilidad, el producto no está fresco.
- Huélelo, especialmente en la parte inferior (las patas o tentáculos). Su aroma debe ser agradable, con olor a mar y no a pescado propiamente dicho.
- Verifica si el producto es sólido y está seco. Al tocarlo no debe derramar líquido gelatinoso.
- Asegúrate de que no presente manchas pardas o negras.
- Revísalos: al momento de comprarlos, deben tener todos sus tentáculos y patas intactas.
Los mariscos aptos para consumo deben estar vivos al momento de ser recolectados. Aquellos que se encuentra sin vida al ser sacados del agua deben desecharse porque no son frescos.
- Para los camarones y langostinos: Aquellos que se venden precavidos deben lucir rosados. Los crudos deben tener un color plomizo.
- Las conchas de ostras, almejas y mejillones deben estar cerradas o semiabiertas. Esto significa que los animalitos estaban vivos al ser recolectados.


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